Hoy me siento más orgulloso que nunca de ser hondureño.
Honduras le dijo no al árbitro Tico Walter Quesada y ratificó
que no cambiará la sede del partido de la H contra EEUU.
Con la frente en alto y el corazón contento puedo decir que
ya dejamos de ser el juguete con el que todos hacen lo que
quieren.

27 años han pasado desde que Honduras no va a un Mundial de
fútbol. 27 años de desepciones, de sueños rotos y de
artimañas que nos truncaron el camino hacia la máxima
competencia del mundo. Pero eso se acabó.

Basta de que nos tapen la boca para gritar nuestra verdad.
Basta de que nos hagan a un lado para dejar que pasen los
grandes. Basta de que nos impongan árbitros para
perjudicarnos. Basta de ganarnos desde afuera de las canchas.

Ya no somos el país cobarde que se rendía fácilmente ante la
presión de las potencias de Concacaf. No seremos los mismos
debiluchos que se conformaban con ver el mundial porTelevisión.

Ahora estaremos ahí, en Sudáfrica, respirando el aroma de la
selva, jugando en el más alto nivel y si Dios nos lo permite
haremos historia.

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