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Tras unos comenatarios del ingeniero Salvador Nasralla en la transmisión del juego Honduras Costa Rica (4-0) del pasado 12 de agosto, todo explotó.

En México se han tocado las supsetibilidades más bajas, porque el director de deportes de TVC, llamó “ladrón” al árbitro Marco Antonio Rodríguez, tras que este cometiera una serie de errores en contra de Honduras.

Tales errores se contabilizan en la anulación de una jugada de gol, tres tarjetas amarillas injustas y el no cobro de una falta penal clara y evidente.

Nasralla ha sido tan condenado como si fuera el día del juicio, los mexicanos se han encargado de cabarle su propia tumba como condena por defender los intereses de la Selección.

El error de Nasralla es pensar que nadie lo escucharía y en estos tiempos de globalización tecnológica, la fuga de información es terrible aún estés en Siberia.

Pero… por qué condenar a Nasralla por un comentario ardido por lo que pasaba en la cancha, si a travez de la historia los colegas mexicanos nos ha dicho hasta de lo que hemos de morir.

Puedo mencionar a David Failtelsol para dar solo un referente -hasta el propio Adal Ramones al decir que si teníamos un DT Primitivo, ¿cómo será el pueblo?-, de las habladurías más grandes, que van desde la pelota cuadrada hasta “el país tercermundista” que goleó a México.

El tema de Rodríguez, el Pastor, el Evangelista o el Chiquidrácula, solo abre la brecha para le guerra mediática antes del juego ante México en el Azteca del próximo 9 se septiembre. ¿o no?

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